Patricia González/Desde el Cristal

El presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJ), Efraín Reséndez Bocanegra, dio a conocer ayer jueves que alrededor de 50 adolescentes de entre los 15 y 17 años de edad han sido procesados en el estado de Tabasco por pertenecer a bandas de delincuentes. El funcionario público también dijo que “es importante recuperar el tejido social” y además enfatizó que la prevención “inicia desde la casa”.

Agregaríamos muchas cosas para tratar este tema, así como la “prevención” que menciona el presidente del TSJ, pero también se requieren las condiciones sociales adecuadas, en los espacios públicos, en las escuelas, bibliotecas, museos, galerías, centros culturales, así como las garantías laborales para los padres de familia o tutores responsables de esos adolescentes que son “carne de cañón” utilizada por la delincuencia organizada.

¿Cómo prevenir que los jovencitos no caigan en manos de la delincuencia organizada? Ofreciéndoles el mejor entorno público y social adecuados para su desarrollo, y eso quiere decir que se debe contar con seguridad pública garantizada, por supuesto que la formación o la educación desde el seno familiar tiene mucha influencia en las nuevas generaciones de ciudadanos, sin embargo el Estado tiene que asegurar que las condiciones del entorno en que viven esos grupos sean adecuadas y que haya justicia jurídica.

Está claro que los padres de familia tienen la obligación de estar alerta y concientizar a los hijos sobre los riesgos que se corren al involucrarse en actividades delictivas, no obstante esto no es suficiente ni en familias que cuentan con posibilidades adquisitivas superiores a las clases bajas, pues se han visto casos en que hijos de gente con poder económico, político y social caen en la tentación de formar parte de bandas delincuenciales que al verse protegidos se involucran en acciones ilícitas. 

Es decir, al día de hoy ese tejido social que menciona el presidente del TSJ está permeado hasta la raíz por la descomposición moral, la corrupción y la ambición que durante más de tres décadas llegó de la mano del sistema de gobierno que sentó sus bases en el individualismo y la voracidad capitalista. 

Las personas que hoy ven un tiempo distinto al que se vivió hace más de treinta años han sido testigos de una decadencia anunciada. La falta de atención en el bienestar de la población en general, el excesivo privilegio y la indiferencia de una clase política y gobernante se reflejan en el retroceso social que se vive en estos días. El haberse dedicado al acaparamiento de riquezas personales y de algunos grupos, excluyendo a la gran mayoría ciudadana devino en esta rara atmósfera que nos envuelve, y no sólo a nivel nacional sino también mundial. 

EN LA MIRA

En la actualidad la falta de formación educativa y cultural debido a la ineficacia y la voracidad de quienes han sido lideres y algunos continúan teniendo cargos de poder político, nos coloca en una encrucijada en la que la pérdida de los valores fundamentales para tener siquiera la certeza de que sin buscar la opulencia se puede vivir en orden y con tranquilidad, es una ausencia que acelera el proceso de descomposición social. Recuperar el tejido social es primordial, conminar a los padres de familia para que concienticen a sus muchachos de los riesgos de la vida y su cotidianeidad es parte del sentido común. 

El mejor ejemplo es el que se da a través de los hechos, las buenas voluntades pueden quedarse tiradas en el camino.