Por Felipe Hernández/avance
El calendario gastronómico guarda una fecha especial para los amantes de la pasta, ya que cada 7 de febrero el Día Internacional del Fettuccine Alfredo rinde homenaje a un platillo que, con pocos ingredientes y mucha historia, logró convertirse en un referente mundial de la cocina italiana.
La historia del fettuccine Alfredo comienza en Roma en 1908, cuando Alfredo di Lelio creó esta preparación con la intención de ayudar a recuperar el apetito de su esposa Inés, quien atravesaba un embarazo complicado. Alfredo combinó fideos extrafinos con mantequilla y queso parmesano de alta calidad, dando como resultado un platillo suave y delicioso que pronto se volvió indispensable en su hogar.
El éxito fue tal que la receta pasó del ámbito familiar al restaurante ubicado en la entonces Piazza Rosa, espacio que se transformó en el punto de partida de los Fettuccine all’Alfredo, expresión que hace referencia al estilo original creado por su autor. Con el tiempo, clientes locales y visitantes quedaron cautivados por su sencillez, lo que permitió que la fama del platillo comenzara a extenderse más allá de Roma.
En 1914 Alfredo di Lelio abrió su propio restaurante y años después, junto a su hijo Armando, consolidó la tradición con el restaurante “Il Vero Alfredo – Alfredo di Roma”, ubicado en Piazza Augusto Imperatore 30. Este lugar se convirtió en un emblema culinario y ganó reconocimiento internacional gracias a la visita de figuras como Mary Pickford y Douglas Fairbanks, quienes donaron sus conocidos cubiertos de oro como muestra de gratitud.
Con el paso de los años el fettuccine Alfredo cruzó fronteras y llegó a países como Estados Unidos, donde la receta evolucionó al incorporar nata, es decir crema, dando lugar a una versión más espesa y abundante, aunque distinta de la versión original, esta adaptación ayudó a consolidar al platillo como un fenómeno global y a mantenerlo vigente en distintas culturas gastronómicas.
Hoy el Día Nacional del Fettuccine Alfredo, aunque no es una festividad oficial, se celebra en restaurantes y hogares alrededor del mundo, pues más allá del festejo culinario, esta fecha recuerda que una receta nacida de un gesto cotidiano puede trascender el tiempo y convertirse en un símbolo universal de sencillez, cariño y buen sabor.
