Patricia González/Desde el Cristal

En un artículo en defensa del hábito de la lectura y la necesidad de fomentarla a gran escala en nuestro país, el escritor hidalguense, Ricardo Garibay, criticaba al poderoso emporio que fue Televisa en esa tarea de idiotización (así la calificaba) de las mentes a través de los espectáculos que esta empresa promovía no solo en nuestro país sino también en Centroamérica, Sudamérica, Estados Unidos, Europa, África y ¡hasta en Asia!

Pero anteponía la importancia del acto de leer: “… si a usted lo han preparado para leer y pensar sobre lo que se ha leído, los medios electrónicos de comunicación masiva no le harán ningún daño; estos medios son un remedo de reflexión que se depositan en actores baratos, pésimos cantantes y en locutores analfabetas. De eso se alimenta la gran masa mexicana”, enfatizaba. 

El gran gancho, decía Garibay, de estos medios electrónicos era -y sigue siendo ahora con los medios digitales- la diversión. Tienen fuerza porque entretienen, distraen, ese es el fin principal de los espectáculos porque la gente busca divertirse. Sin embargo, dice el escritor de Tulancingo, esa diversión es realmente una dispersión, y recuerda a Pascal en esta reflexión sobre el fin de los medios electrónicos: “a la vez de que divierten, dispersan, atomizan, divorcian a unos de otros; no crean ningún elemento de cohesión, ninguna comunidad de intereses espirituales y sí de intereses económicos, que esto divorcia más a los ciudadanos entre sí”. 

Es aquí donde estriba la urgencia de la promoción del libro y la literatura en general como lo ha defendido la presidenta Claudia Sheinbaum en su “república de lectores”. De ahí la importancia del homenaje a un poeta como Jaime Sabines y la próxima celebración del Día Mundial del Libro que ya se anuncia. Es importante distinguir aquello que solo atrae la euforia momentánea para un público que busca desahogarse y quedar vacío cuando las energías lo abandonan. 

¿Qué atraía a la juventud rusa que llenaba estadios para escuchar a su poeta rebelde Yevgueni Yevtushenko? ¿Por qué atrae al público mexicano y extranjero la poesía de Jaime Sabines? En México hemos visto auditorios atestados para escuchar a Octavio Paz o a Mario Benedetti. Invertir en el fomento al libro y a la lectura tienen beneficios significativos y enriquecedores para el momento y el futuro. Se forman ciudadanos. 

El problema de nuestro país es, más que la carencia económica, se la espiritual, a como lo vieron don Justo Sierra y lo secundaba Martín Luis Guzmán. Nos salva un poco la riqueza multicultural de nuestros pueblos precolombinos, el arraigo a la tierra y los demás elementos que nos conforman como mexicanos, aunque a través de los años hemos padecido la transculturación. Para resolver esa carencia espiritual es necesario que sepamos leernos, reforzar nuestro origen y fortalecerlo a través de la educación y la cultura. Y una de las principales actividades, además de las más completas en la formación de los seres humanos, es la lectura. 

EN LA MIRA

No es abobar por un pueblo aburrido, pues el mexicano es considerado como uno de los más alegres. Sin embargo, no hay que olvidar la necesidad de un cambio y fortalecimiento cultural si queremos una verdadera transformación política, como decía Don Enrique González Pedrero.