Patricia González/Desde el Cristal
Que los menores de edad en Tabasco cada vez más estén involucrados en “la comisión de delitos” como la portación de armas de fuego y el narcomenudeo es un fenómeno que debe ocuparnos a todos y tomar en serio el tema. Esto va más allá de las recomendaciones a padres y madres de familia de “estar atentos a las conductas de sus hijos”. No es nuevo que este grupo poblacional sea vulnerable a las acciones que el crimen organizado despliega sobre ellos. Los padres pueden haber advertido conductas inusuales en sus hijos, pero ¿qué hacer si estos ya están metidos con las bandas criminales? ¿Cómo salir de esa relación tan peligrosa para toda la familia?
Ante las alarmantes cifras que indican un aumento de jóvenes menores en actos criminales que se triplicó en 2025 con respecto al 2024, se prenden los focos rojos. De 32 menores capturados in fraganti en hechos delictivos pasó a 59. ¿Cómo prevenir esto si una de las causas principales es la incipiente situación económica que sufre la mayoría las familias? Por supuesto que de esto deriva a otras agravantes como la disfuncionalidad familiar, la fractura de la base social de un Estado que se erosiona cada día más si no se busca una solución integral.
Habría que preguntar cómo se refuerza el núcleo familiar para que una situación como la que tenemos en nuestras narices no se agrave si apenas le alcanza a las familias para llevar algo que comer a casa. ¿Habrá alguna propuesta o iniciativa legislativa que busque resolver de verdad este escenario tan adverso?
¿Hasta qué punto sólo dejaremos de lamentarnos? Sí, es de humanos comprender el contexto en que los menores de edad se ven obligados o empujados a ser parte del crimen organizado y participar en delitos que terminarán con sus libertades o peor aún, con sus vidas. Contextualizar para comprender, comprender para sensibilizar y como fin, actuar para buscar una solución o las soluciones necesarias que involucren no solo a los padres y madres de familia, no bastan las declaraciones ante los medios de comunicación si quienes tienen la fuerza del Estado para cambiar las cosas se quedan únicamente en los discursos y fincan sus posicionamientos políticos.
No se puede quedar en la frialdad de reconocer que la situación está mal y conminar a los responsables de los hogares a que “pongan atención” o que “hagan algo” si no se propicia desde afuera, desde las instituciones, un cambio radical aunque políticamente no sea correcto o no convenga a quienes lo propongan sino buscar respuestas favorables a una situación que ha venido empeorando año tras año hasta llegar adonde ahora estamos. Si las autoridades están conscientes de que lo que sucede en Tabasco no solo es cuestión de seguridad, de que se tiene que fortalecer el núcleo familiar y, además, esto debería ser lo primordial, atender las causas sociales para evitar que nuestros jóvenes caigan en las garras de la delincuencia hay que empezar con las propuestas.
EN LA MIRA
Reforzar la educación, la cultura, mejorar las condiciones económicas propiciando que haya empleos mejor pagados, enseñar a los niños y adolescentes a cambiar su mentalidad a través de actividades en que descubran que tienen un potencial enorme para la creatividad y contrarrestar las actitudes destructivas que se promueven en un entorno competitivo en el que “quien más tiene es el que ha logrado conseguir el éxito”.