David Morales

Refrescante y aparentemente simple, el Día Internacional del Helado también permite mirar a esta industria desde una perspectiva económica. Detrás de cada cono o paleta existe un mercado global que se ha consolidado como uno de los más dinámicos dentro del sector de alimentos.

Las cifras dan una idea de su dimensión. Reportes de organismos internacionales y firmas de análisis estiman que el mercado mundial del helado supera los 70 mil millones de dólares y mantiene un crecimiento anual sostenido de entre 4 y 6 por ciento. Este avance está impulsado por el aumento del consumo en países emergentes, la diversificación de productos y la innovación en sabores y presentaciones.

El negocio es rentable por varias razones. La materia prima base —leche, azúcar y saborizantes— tiene costos relativamente controlables, mientras que el valor final del producto se incrementa por marca, experiencia de consumo y distribución. Además, el helado tiene alta rotación en temporadas cálidas, lo que permite a pequeños y grandes negocios recuperar inversión en periodos cortos.

En el mercado global destacan grandes corporaciones. La multinacional Unilever lidera el sector con marcas como Ben & Jerry’s y Magnum, enfocadas en segmentos premium. Por su parte, Nestlé mantiene una fuerte presencia con productos masivos y alianzas comerciales, mientras que General Mills participa a través de Häagen-Dazs, posicionada en el mercado de alto valor.

En México, la industria también tiene peso económico. Empresas como Grupo Herdez, con su marca Helados Nestlé México (operada bajo licencia), y Unilever México con Holanda, dominan gran parte del mercado. A esto se suma una extensa red de negocios locales y heladerías artesanales que generan empleo y dinamizan economías regionales.

Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía indican que miles de unidades económicas en México se dedican a la elaboración y venta de helados y nieves, especialmente en pequeñas y medianas empresas. Este sector forma parte importante de la economía informal y del comercio local, particularmente en zonas turísticas.

Otro factor clave es la innovación. La industria ha diversificado su oferta con productos sin lactosa, bajos en azúcar, veganos o con ingredientes funcionales. Estas tendencias responden a cambios en el consumo y han abierto nuevos nichos de mercado con mayor margen de ganancia.

El impacto económico del helado no se limita a la venta directa. Su cadena de valor incluye producción agrícola, transporte, refrigeración, distribución y comercio minorista. Cada etapa genera empleos y actividad económica, lo que convierte a este producto en un actor relevante dentro del sector alimentario.