Patricia González
Si un político quiere saber qué le pasa al pueblo debe conocer cómo vive el pueblo. Para entender al pueblo debe conocer las necesidades del pueblo. ¿Cuántos políticos hay que verdaderamente conozcan al pueblo?
Circula un video en el que Marko Cortés, Senador de la República dice ser “productor agrícola” y que le preocupa como tal porque si “ese gusano entra en la fruta, Estados Unidos te cierra la frontera”, al referirse al problema del gusano barrenador.
Quien no conoce que el gusano barrenador no afecta al sector agrícola sino al ganadero caería fácilmente en la desinformación mediática que difunde este tipo de políticos opositores que prefieren hacer el ridículo antes que informarse para resolver los pendientes que hay en nuestro país.
Así como este ejemplo está el de la exsenadora Xóchitl Gálvez cuando se equivocó al preguntar acerca de las capacidades consideradas en que una central deja de ser generación contribuida y debe considerarse una planta de gran escala. Pidió la respuesta en kilowatts, la respuesta le fue dada en 0.5 megawatts (500 kilowatts).Acusó a Paola López Chávez de confundir equivalencias y de no saber la respuesta.
La retórica usada por los políticos suele ser convincente, cualquiera que posea una mínima habilidad discursiva puede confundir al interlocutor si éste no posee información sobre ciertos temas aunque no sean complejos. Las trampas que usan los políticos en su lenguaje discursivo manipulan si no se compara el palabrerío con la realidad.
Y la realidad es que se han apropiado y desvirtuado palabras como “libertad” y “democracia”. Son capaces de crear un amplio discurso utilizándolas aunque no crean en ellas. “Tienes labia”, suele decírsele a una persona cuya elocuencia es una habilidad innata o desarrollada a través de algún método o técnica de aprendizaje. Hay quienes se toman en serio esa “labia” y se lanzan al escenario de la política y logran sus propósitos personales y hasta hacen carrera.
El problema con ese tipo de políticos es cuando su desempeño no cuadra con la realidad, cuando su experiencia no ha dado resultados que se vean, que no se reflejen en el bienestar y el ánimo de la gente. Sus discursos se pierden en el aire porque los hechos están ausentes y sólo sus dichos prevalecen.
De ahí que, prometer en campañas electorales no hace daño, aunque en la actualidad la gente ya los observa detenidamente y cuestiona lo uno con lo otro, las promesas y los hechos, engañar con el palabrerío no le es suficiente a los políticos tradicionales y más les vale ser cautos en lo que dicen y hacen.
EN LA MIRA
A los malos políticos la evidencia los delata, y a pesar de ello hay unos que poseen la habilidad de mantener su vigencia por muchos años, de considerarse políticos profesionales y vivir del presupuesto público dándose a conocer como “gestores” de servicios o peticiones personales solicitadas por la gente más vulnerable. El tipo de político que a la vista del pueblo es algo parecido a un Robin Hood altruista, pero que en realidad hacen caravana con sombrero ajeno.