Patricia González

Hay un malestar juvenil contra el sistema de gobierno en general. Siempre ha sido así; aunque unas veces más que otras. Los jóvenes son rebeldes por naturaleza. Este rechazo incluye al sistema de partidos políticos en nuestro país. Ahora es la llamada Generación Z la que lleva como bandera un reclamo legítimo y se debe escucharlos. Ya los jóvenes habían organizado una marcha el pasado 8 de noviembre, sin embargo hubo otra convocatoria para el pasado sábado 15, pero hecha desde los partidos políticos, principalmente los opositores al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. 

Lo que se observó en la reciente manifestación fue una consigna contra el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y el gobierno federal donde supuestamente se exigió la revocación de mandato de la presidenta Sheinbaum Pardo. Aunque este mecanismo la quedó establecido por el gobierno del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador. Como originalmente este objetivo se les cayó, los partidos opositores, en especial el PRI y el PAN, tomaron como bandera el reciente asesinato del alcalde de Uruapan, Michoacán, Carlos Alberto Manzo.  La verdadera Generación Z tiene claros los objetivos de sus reclamos y exigencias al gobierno; no obstante, la manifestación en la que participaron personajes como el expresidente Vicente Fox Quezada, políticos venidos a menos como Fernando Belauzarán, Guadalupe Acosta Naranjo, la excandidata Xóchitl Gálvez; y comunicadores que pertenecen a la televisora concesionada al empresario Ricardo Salinas Pliego, quisieron aprovechar la ocasión para salir a las calles nuevamente con argumentos imaginarios como el de una “dictadura” que sufre el pueblo mexicano. Orquestaron además conatos de violencia para ver si el Gobierno Federal se enganchaba en una represión contra los manifestantes. Querían otro octubre de 1968. Los jóvenes de la genuina Generación Z exigen un cambio verdaderamente profundo, que es el de la renovación de un sistema político que revierta todos aquellos cambios a las leyes constitucionales y que se reflejan en una grave desventaja en la cuestión laboral para las nuevas generaciones de ciudadanos mexicanos, entre ellas las pensiones, el derecho a la jubilación, una jornada de trabajo de cuarenta horas, la vivienda, y por supuesto, que se garantice la seguridad pública en todo el país. Son legítimos los reclamos de los jóvenes. 

Los jóvenes reclaman todos los derechos que el sistema conocido como neoliberalismo, les fue quitando. Los jóvenes que marcharon el pasado 8 de noviembre se declararon apartidistas, a diferencia del contingente del 15, formado por una mayoría de ciudadanos mayores a la generación que supuestamente convocaba a la marcha. Repitieron las mismas consignas que en las manifestaciones del año pasado a favor del INE y en contra de la reforma al Poder Judicial.

EN LA MIRA

La legitimidad del reclamo de los jóvenes se debe tomar en cuenta, y la presidenta Claudia Sheinbaum ha asegurado que sus voces son escuchadas y que por ello se continúa con los programas sociales como las becas en diferentes niveles educativos, o programas tan nobles como el de Jóvenes Transformando el Futuro, que los capacita para poder acceder al campo laboral. Hace falta mucho por hacer, pero el camino no es la violencia.