Por David Morales/Avance
La noche del 15 de abril de 2019 quedó marcada como una herida para la memoria europea. La Catedral de Notre-Dame ardía mientras equipos de bomberos trataban de salvar la estructura que había resistido ocho siglos de historia. Los primeros reportes difundidos por medios públicos como la radiotelevisión francesa y posteriormente documentados por RTVE describieron la caída de la aguja central, el colapso del techo y la urgencia por asegurar los muros antes de que cedieran por completo. La reconstrucción, que tomó más de cinco años y permitió la reapertura en diciembre de 2024 según reportó El Tiempo en su recapitulación del proyecto, se convirtió en uno de los mayores esfuerzos de preservación del patrimonio de la última década.
Esa recuperación fue posible gracias a un trabajo artesanal intenso, pero también a la incorporación de herramientas tecnológicas que nunca antes se habían utilizado con tal profundidad en un monumento de esta escala. Antes del incendio existía un registro milimétrico de la catedral realizado mediante escaneos láser, parte de investigaciones documentadas por especialistas de TÜV SÜD en su análisis sobre digitalización patrimonial. Este modelo tridimensional, compuesto por miles de millones de puntos, permitió a ingenieros y arquitectos trabajar con una réplica exacta de Notre-Dame, probar soluciones de restauración y anticipar tensiones estructurales sin tocar la piedra real.
En los días posteriores al incendio, una narrativa particularmente viral aseguró que el videojuego Assassin’s Creed Unity serviría como modelo para reconstruir la catedral. La recreación virtual desarrollada por Ubisoft había sido objeto de elogios desde su lanzamiento por su atención al detalle, por lo que diversos portales —entre ellos Times of India— difundieron la posibilidad de usar los modelos digitales del juego como recurso técnico. Sin embargo, medios especializados como Milenio aclararon poco después que las versiones de Notre-Dame dentro del videojuego incluían licencias creativas y no podían servir como plano arquitectónico.
La industria del videojuego sí participó de otra forma. Ubisoft donó 500 mil euros a los esfuerzos de reconstrucción, confirmó Expansión Obras, y liberó temporalmente el juego para que personas de todo el mundo pudieran “visitar” la catedral mediante una exploración virtual. Esa iniciativa no tuvo impacto constructivo directo, pero sí contribuyó a un fenómeno cultural inesperado, pues millones de jugadores compartieron imágenes y recorridos que ayudaron a mantener la relevancia pública del monumento durante los meses más críticos de las obras.
Paralelamente, instituciones culturales y tecnológicas desarrollaron experiencias de realidad virtual para mostrar el estado del templo. La Sexta, en su cobertura sobre el uso de herramientas inmersivas, explicó cómo estas tecnologías permitieron explorar digitalmente el avance de la restauración y reconstruir con fidelidad zonas inaccesibles tras el incendio. Estas visualizaciones complementaron el trabajo de modelado BIM derivado de los escaneos láser, lo que permitió prever deformaciones, pérdidas y posibles intervenciones futuras.
Notre-Dame se levantó nuevamente a partir de tres pilares: la artesanía medieval, la ingeniería contemporánea y la digitalización avanzada. Entre herramientas de tallado tradicional, softwares de modelado y recorridos virtuales, la catedral demostró que el patrimonio del siglo XXI ya no se conserva únicamente en archivos físicos. Se resguarda también en bases de datos, simulaciones tridimensionales y, en ocasiones, incluso en universos digitales que permiten recordar un monumento antes de que vuelva a existir en la realidad.
recuperada del subreddit gaming elaborada por un usuario desconocido. una Comparación de la estructura de Notre-Dame en la vida real y en el juego Assassin's Creed Unity.