Por Felipe Hernández
AVANCE
Este 15 de febrero el mundo conmemora el Día Internacional del Cáncer Infantil, una fecha dedicada a crear conciencia sobre una enfermedad que afecta a miles de niñas, niños y adolescentes.
La iniciativa fue impulsada en 2001 en Luxemburgo por la Organización Internacional de Cáncer Infantil (CCI), una red que agrupa a 180 organizaciones de padres en 90 países, desde 2002 se realiza la conmemoración con el respaldo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Sociedad Internacional de Oncología Pediátrica (SIOP) y la Unión por el Control Internacional del Cáncer (UICC).
De acuerdo con la OMS, cada año se diagnostican alrededor de 300 mil casos de cáncer en personas de entre 0 y 19 años, entre los tipos más frecuentes se encuentran la leucemia, los tumores cerebrales, el linfoma y otros tumores sólidos como el neuroblastoma y el tumor de Wilms.
Aunque en los países de ingresos altos más del 80 % de los menores logra superar la enfermedad, en naciones con menos recursos la tasa de supervivencia ronda el 20 %, esta diferencia se relaciona con diagnósticos tardíos, falta de tratamientos adecuados y dificultades para acceder a medicamentos esenciales.
El cáncer, según la Asociación Americana del Cáncer, surge cuando las células crecen sin control y desplazan a las células sanas, formando tumores que pueden afectar distintas partes del cuerpo, en la infancia, a diferencia de los adultos, la mayoría de los casos no tiene una causa conocida y rara vez está vinculada al estilo de vida.
El Lazo Dorado se ha convertido en el símbolo de esta causa, ya que el oro representa la fortaleza y resistencia de los niños frente a la enfermedad, instituciones públicas, privadas y organizaciones civiles lo utilizan para mostrar solidaridad y recordar la importancia de un diagnóstico temprano.
Especialistas recomiendan a madres y padres estar atentos a señales como fiebre persistente, moretones sin causa aparente, sangrados frecuentes, dolor de huesos, pérdida de apetito o cambios repentinos en la visión, detectar a tiempo puede marcar la diferencia, pues con tratamiento oportuno muchos casos pueden curarse y ofrecer a los menores una nueva oportunidad de vida.