Patricia González/Desde el Cristal
Lo de Jesús “Chucho” Alí de la Torre no es el primer salto de la temporada que se avecina rumbo a las elecciones del 2027. Habrá muchos saltos de morenos a verdes o a naranjas. Se pintarán de nuevos colores o regresarán a los que ya tenían tatuados en el alma. Esas pobres almas atribuladas que como la del ahora renunciante Alí de la Torre denuncian que los otros son “políticos improvisados, faltos de amor y compromiso con la gente”.
Nunca nadie ama tanto al pueblo como lo prometerán los políticos que en unos cuantos meses llegarán tocando humildemente a la puerta de los hogares, a los negocios y se topen en la calle con los transeúntes a quienes abrazarán efusivamente preguntándoles sus nombres, hablándoles con familiaridad y camaradería.
Y por supuesto se desatarán las guerras de dichos y acusaciones entre unos y otros personajes, se lanzarán diatribas, y se declararán salvadores del mundo.
Cómo no recordar hace algunas décadas cuando las esposas de los aspirantes a las alcaldías salían a visitar a la gente de las comunidades y el campo, cómo hacían derroche de sus dotes de humildad cuando abrazaban a las mujeres campesinas, se disponían a ayudarlas a moler el maíz para las tortillas, lavaban los platos y cucharas, porque eso sí, se metían literalmente hasta la cocina buscando el “apoyo” para sus cónyuges, en los que la gente debería depositar toda la confianza.
Pero cuando los maridos de las primeras damas llegaban al poder, estas se olvidaban de las señoras del campo o las miraban por encima del hombro si se topaban en las calles o si por casualidad se cruzaban sus caminos en los pasillos de los ayuntamientos.
Así como dice Chucho Alí: “son faltos de amor” con la gente.
Solo él ha sabido estar cerca de la gente, es un ejemplo para los improvisados. Imagínese usted.
Alí de la Torre denuncia que en el movimiento político al que apenas ha dicho adiós es sujeto de división, que es proclive a la manipulación, que se padece el dudoso financiamiento en las elecciones de los comités seccionales por parte de “personajes políticos interesados en su control más allá de favorecerlos institucionalmente”. Sorprende que eso no haya sucedido en el partido donde nació como político, porque si eso no sucedía por qué razón renunció al otrora poderoso Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Se engaña a sí mismo quien no terminó su trienio al frente de la alcaldía de Centro, el promotor de las petunias junto con Mario Llergo (morenista, actualmente). A Jesús Alí le tocó la suerte de haber sido electo por el PRI cuando se decidía desde la cúpula quién desempeñaría tal o cual cargo, ya lo de las votaciones el día de la jornada electoral pasaba a un tercer término. Él confía en sus talentos y en su carisma.
Acusa a los actuales funcionarios del ayuntamiento de Centro de utilizar su cargo para beneficiarse en sus aspiraciones políticas. Reparten a diestra y siniestra, dice.
“Están como demonios poseídos de ansiedad de más y más poder, atormentando a los más necesitados con sus migajas”, dice ansiosamente.
Hay que tener cuidado con el mal humor disfrazado de optimismo; suele tener efectos colaterales si no se le dan las cosas tal a como se las quisiera.
EN LA MIRA
El pueblo nota, anota y vota, se dice y con razón. En 2027 habrá elecciones intermedias, quizá veamos caras nuevas o el retorno de las de siempre. Será oportunidad de calificar a quienes han sido congruentes y a quienes sólo buscan acomodarse en el presupuesto.