Patricia González/Desde el Cristal
¿Qué llevan en sus mochilas los niños de hoy? Llevan un desajuste emocional que no les permite aprender las cosas que les serán útiles en la vida. Y ese desajuste emocional se mezcla con la desatención de los padres, con la violencia digital, el desapego a los demás individuos que los rodean a cambio de los miles de amigos virtuales que les proporcionan las plataformas digitales que frecuentan. Las mochilas son una bomba digital que estallará cualquier día, el menos pensado.
La educación se ha vuelto más compleja de lo que podríamos imaginar. Por más estrategias que se exijan a los profesores integrar a las planeaciones diarias, gana por mucho el apogeo de la digitalización educativa, aunque ésta tenga un impacto mayormente negativo. Esta negatividad es precisamente la razón por la que Finlandia promueve la enseñanza-aprendizaje nuevamente a través de los libros de texto y la escritura a mano. Parece que los dispositivos inteligentes no pueden ser superados y afectan la comprensión lectora y afectan las capacidades mentales de los niños y jóvenes en la actualidad.
Es contrastante, por ejemplo, que en China, en la Universidad de Comunicación (CUC) y otras instituciones educativas de aquel país se han eliminado al menos 16 carreras o licenciaturas que están relacionadas con las artes, el periodismo, la traducción y las humanidades porque están reestructurando la educación superior debido al impacto tecnológico en el mercado laboral, por lo que el plan es enfocarse en la enseñanza de la inteligencia artificial y se beneficien áreas como la ingeniería, la robótica y el análisis de datos. El legado del viejo Rockefeller de formar en las escuelas a futuros empleados y no gente pensante sigue vigente en pleno siglo XXI.
Con todo esto el sistema educativo en el mundo no parece interesado más que en preparar a las nuevas generaciones de ciudadanos en los avances tecnológicos que en poco tiempo serán reemplazados por ejércitos de robots y en competir para demostrar quién es el mejor fabricante de armas, el que va a la vanguardia en crear la bomba que destruirá el propio planeta Tierra. Vean a los países “avanzados”, los del primer mundo cómo arrasan a sus anchas con países enteros por apropiarse de sus territorios y de sus recursos naturales. Es su derecho por ser poderoso. A eso es a lo que se está enseñando a los niños en la actualidad, a ver en sus semejantes no a un ser humano, sí a una amenaza para su existencia.
¿Para qué perder el tiempo en una educación que la inteligencia artificial supera en más del 90 por ciento de precisión? El objetivo es reducir los tiempos de producción y hacer crecer las economías de los países que dominan el comercio mundial, pero ¿aumentará el consumismo a la misma velocidad con que se lanzarán al mercado los nuevos servicios y productos hechos por androides? ¿Cuál será el futuro de la raza humana que se autodestruye a medida que avanza el tiempo y se enajena con el uso de la técnica moderna?
EN LA MIRA
En las mochilas de los niños rebosa el desapego y la deshumanización imperante. La educación pierde el rumbo en una modernización que premia la exactitud de los procesos administrativos-burocráticos y castiga la enseñanza desatendiendo a quienes se encargan de la formación de las juventudes. Hay un retroceso del que no se quiere hablar y que terminará causando la peor catástrofe de la historia del hombre en el mundo.