DAVID MORALES

Cada 23 de mayo, el Día Mundial de la Tortuga recuerda la importancia ecológica de uno de los reptiles más antiguos del planeta. En Tabasco, la fecha cobra relevancia debido a la riqueza de especies que habitan lagunas, ríos y humedales del sistema Grijalva-Usumacinta, considerado uno de los complejos hidrológicos más importantes de Mesoamérica.

Investigaciones de la División Académica de Ciencias Biológicas de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, como las recopiladas por los investigadores Juana Lourdes Trejo Pérez y Robinson González Solís en estudios sobre quelonios tabasqueños, documentan que el estado alberga diversas especies nativas de tortugas dulceacuícolas, varias de ellas bajo presión ambiental por la pérdida de hábitat, la contaminación y la caza.

Entre las especies más representativas se encuentra la tortuga blanca, Dermatemys mawii, considerada la tortuga de agua dulce más grande de la región mesoamericana. Un estudio publicado en Revista Mexicana de Biodiversidad por investigadores como Karen Beatriz Poot y Elvira Cuevas señala que esta especie supera los 60 centímetros de longitud y mantiene una alimentación principalmente herbívora basada en vegetación acuática.

La tortuga blanca posee además un fuerte valor cultural en el sureste mexicano. Investigaciones etnográficas publicadas en SciELO México por autores como Lilia María Gama Campillo y colaboradores explican que durante generaciones esta especie forma parte de la alimentación tradicional de comunidades ribereñas en Tabasco y Chiapas, situación que actualmente contribuye a la disminución de sus poblaciones silvestres.

Otra de las especies ampliamente conocidas en Tabasco es la hicotea o jicotea, Trachemys venusta. La revista científica Kuxulkab de la UJAT, en artículos sobre reptiles acuáticos del sureste mexicano coordinados por investigadores como Claudia Elena Zenteno Ruiz, describe a esta tortuga por las líneas amarillas y verdes que rodean su cabeza y cuello, además de su capacidad de adaptarse a lagunas, canales y zonas inundables temporales.

Los estudios reproductivos sobre la hicotea señalan que las hembras depositan sus huevos en áreas arenosas o fangosas cercanas a cuerpos de agua y que la temperatura ambiental influye directamente en el desarrollo embrionario. Especialistas de la UJAT advierten que esta dependencia convierte a la especie en vulnerable frente a cambios climáticos y alteraciones de humedales.

En los pantanos y cuerpos de agua tabasqueños también habitan distintas especies conocidas popularmente como pochitoques, pertenecientes principalmente al género Kinosternon. Trabajos herpetológicos desarrollados por investigadores como Jonathan Campbell y Eric Smith sobre reptiles del sureste mexicano destacan que estas tortugas poseen un tamaño menor y cuentan con un plastrón articulado que les permite cerrar parcialmente el caparazón como mecanismo de defensa.

El pochitoque mantiene una estrecha relación con la identidad cultural tabasqueña. El término aparece incluso registrado por el Diccionario histórico de la lengua española de la Real Academia Española como una referencia regional utilizada en el sureste mexicano para nombrar a pequeñas tortugas de agua dulce.

Otra especie presente en el estado es el guao o tres lomos, Staurotypus triporcatus, reconocible por las tres quillas prominentes que recorren su caparazón. Estudios de conservación realizados por la UJAT describen a esta especie como una tortuga de mandíbula fuerte y comportamiento agresivo, adaptada a ambientes acuáticos profundos con abundante vegetación.

El chiquiguao, Chelydra rossignoni, también forma parte de la fauna tabasqueña. Investigaciones sobre quelonios mesoamericanos elaboradas por especialistas como Marco Antonio López Luna describen a esta especie por su aspecto robusto, cuello largo y poderosa mordida, características que le otorgan una apariencia prehistórica.

Dentro de las especies terrestres y semiacuáticas destaca la mojina, Rhinoclemmys areolata, reconocible por los patrones amarillos y negros sobre el caparazón. Estudios zoológicos desarrollados en la península y el sureste mexicano señalan que esta tortuga suele desplazarse entre selvas húmedas, áreas inundables y zonas cercanas a cuerpos de agua.

Especialistas de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, así como investigadores de la UJAT y del Colegio de la Frontera Sur, coinciden en que las principales amenazas para las tortugas tabasqueñas continúan siendo la destrucción de humedales, el tráfico ilegal y el consumo desmedido. A esto se suma la lenta recuperación poblacional de muchas especies debido a que tardan varios años en alcanzar la madurez reproductiva.

En el marco del Día Mundial de la Tortuga, investigadores ambientales insisten en la necesidad de fortalecer programas de conservación, educación ambiental y protección de nidos. En Tabasco, donde los humedales forman parte de la vida cotidiana y de la identidad regional, preservar a estas especies también significa proteger el equilibrio ecológico del sureste mexicano.