DAVID MORALES

Mucho antes de la aparición de los seres humanos, las tortugas ya habitaban mares, ríos y continentes. El 23 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Tortuga, una fecha dedicada a la protección de uno de los grupos animales más antiguos y vulnerables del planeta.

Las tortugas existen desde hace más de 200 millones de años, según investigaciones paleontológicas y registros científicos. Han sobrevivido a extinciones masivas y cambios climáticos extremos, convirtiéndose en una de las especies más antiguas aún presentes en la Tierra.

Actualmente existen más de 350 especies distribuidas entre ambientes marinos, dulceacuícolas y terrestres. Sin embargo, organismos como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza advierten que una gran parte de ellas enfrenta algún nivel de amenaza.

México ocupa una posición estratégica para la conservación de tortugas marinas. Datos de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas indican que seis de las siete especies de tortugas marinas existentes en el mundo llegan a costas mexicanas para alimentarse o anidar.

Entre ellas destacan la tortuga lora, tortuga carey, tortuga verde y tortuga laúd, especies consideradas fundamentales para el equilibrio de ecosistemas marinos.

En el Golfo de México y el sureste del país, incluido Tabasco, las tortugas marinas forman parte importante de la biodiversidad costera. Playas tabasqueñas funcionan como zonas de paso y anidación para algunas especies.

Instituciones ambientales y campamentos tortugueros desarrollan labores de protección de nidos, liberación de crías y monitoreo biológico en distintas regiones del estado. Estas acciones buscan reducir amenazas relacionadas con saqueo de huevos, pesca incidental y contaminación.

Las cifras muestran la magnitud de los riesgos. Organismos internacionales estiman que millones de toneladas de plástico llegan cada año a mares y océanos, afectando gravemente a tortugas marinas que pueden ingerir residuos o quedar atrapadas en redes y desechos.

El cambio climático representa otro desafío importante. Investigaciones científicas han documentado que la temperatura de la arena influye directamente en el sexo de las crías durante la incubación, por lo que alteraciones térmicas podrían afectar poblaciones futuras.

Además de su importancia ecológica, las tortugas cumplen funciones esenciales dentro de ecosistemas marinos y costeros. Algunas ayudan a controlar poblaciones de medusas, mientras otras contribuyen al mantenimiento de pastos marinos y arrecifes.

En comunidades costeras mexicanas, la conservación de tortugas también tiene impacto económico y turístico. Liberaciones de crías y programas de protección ambiental atraen visitantes y actividades ecoturísticas en distintos estados.

Especialistas coinciden en que la recuperación de varias especies ha sido posible gracias a décadas de protección legal, vigilancia ambiental y educación comunitaria. México prohibió desde hace años la captura y comercio de tortugas marinas, consideradas especies protegidas. Este día no solo recuerda a un animal emblemático, también evidencia la fragilidad de ecosistemas marinos y costeros frente a actividades humanas y contaminación.