La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos coincide en que estos modelos dependen más del reclutamiento constante que de la venta real de productos
David Morales/Avance
En México y América Latina, los negocios de afiliación, venta multinivel y algunas franquicias de bajo costo se han popularizado como una alternativa rápida para generar ingresos. Marcas como Herbalife, Omnilife, Fuller o Tupperware se presentan como oportunidades accesibles, aunque estudios formales advierten que su rentabilidad real es limitada para la mayoría de los participantes.
La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos documenta que más del 99 por ciento de quienes ingresan a esquemas multinivel no obtiene ganancias sostenidas. De acuerdo con su informe oficial sobre marketing multinivel, los ingresos se concentran en los niveles superiores de la red, mientras la base asume costos de inscripción, inventario y capacitación sin garantía de retorno.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos coincide en que estos modelos dependen más del reclutamiento constante que de la venta real de productos. Cuando el mercado se satura, los ingresos se reducen drásticamente y el riesgo económico recae casi por completo en los afiliados más recientes.
En México, la Procuraduría Federal del Consumidor y la CONDUSEF han advertido que estos esquemas no ofrecen salario, seguridad social ni protección financiera. El afiliado actúa como cliente y vendedor al mismo tiempo, absorbiendo pérdidas en caso de no lograr ventas, una condición que limita su viabilidad como fuente de ingreso estable.
Las franquicias de bajo costo tampoco están exentas de riesgo. La Asociación Mexicana de Franquicias reconoce que cerca de un tercio de estos negocios no supera los primeros tres años de operación. La falta de exclusividad territorial, los altos pagos de regalías y la ausencia de estudios de mercado sólidos son factores recurrentes en su fracaso.
Especialistas del Banco Mundial señalan que muchos de estos modelos trasladan el riesgo operativo al emprendedor sin ofrecer control real sobre el producto, el precio o el canal de venta. En estos casos, el negocio depende más de la marca que del mercado, una combinación que suele ser insostenible a largo plazo.
Para identificar un buen negocio, los organismos financieros coinciden en algunos criterios básicos. La rentabilidad debe provenir de la venta comprobable de un producto o servicio, no del ingreso de nuevos participantes. Además, deben existir cifras claras, estados financieros verificables y un mercado real que respalde la operación.
La Escuela de Negocios Sloan del MIT subraya que un modelo viable puede explicar con claridad cómo genera ganancias, cuáles son sus riesgos y qué ocurre en escenarios negativos. Cuando la información se sustituye por discursos motivacionales o promesas de éxito rápido, la alerta debe encenderse.
El auge de estos esquemas responde, en gran medida, a la precariedad laboral y a la falta de educación financiera. Así lo advierte el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en sus estudios sobre autoempleo. La evidencia coincide en un punto central, no todo lo que se presenta como oportunidad de negocio realmente lo es.
