Patricia González/Desde el Cristal
Este fin de semana un medio local transmitió a través de Facebook un video en cuyo titular se leía que “decenas de venezolanos” celebraban en Villahermosa la caída de Nicolás Maduro a manos del ejército estadounidense. En realidad eran 17 o 18 ciudadanos ondeando banderas de aquel país mientras otros mostraban cartulinas con consignas contra el ahora retenido todavía presidente de Venezuela. Varios usuarios de esa red virtual criticaban o se burlaban por la exageración en el número que el medio aseguraba festejaban el secuestro del exmandatario y su esposa.
En la misma red virtual, otro usuario hacía mofa de los ciudadanos mexicanos que se preocupan porque el presidente Trump se roba el petróleo venezolano pero no se preocupan porque nuestro gobierno le regala petróleo a Cuba. “Preocupémonos primero por cómo resolver nuestros problemas y luego de lo que sucede en otro país”, respondía alguien.
Las opiniones y comentarios eran a favor y en contra de los acontecimientos de la incursión del ejército de EEUU en Caracas y otras ciudades venezolanas.
El debate es interesante pero podemos notar que falta mucha información sobre el tema, o hay quienes teniendo lo necesario para comprender la gravedad de lo sucedido no quieren ver que todos los países, no solo los de la región latinoamericana sino del mundo pueden sufrir agresiones de este tipo. No se respetaron las leyes internacionales para intervenir unilateralmente en territorio de un pueblo que tiene el derecho de resolver sus conflictos internos por sus propios medios, o a través de las instancias internacionales para hacer respetar los acuerdos entre los países en conflicto.
A pesar de que en el mundo la mayoría de las protestas que podemos ver son en contra de la agresión sufrida por Venezuela y que las órdenes del ataque fueron tomadas por el presidente Donald Trump sin tomar en cuenta al Senado de EEUU, violándose las leyes federales en esta intervención militar, leemos y escuchamos opiniones que ven con buenos ojos una agresión contra otro país.
Una acción de este tipo, en la que hubo víctimas civiles y daños materiales de los que el agresor no se hará responsable para resarcir los daños, no se toma como seria o grave tan sólo porque algunas personas quieren tener simplemente la razón. Caso cerrado. Si las cosas fueran tan simples como se quisieran ver.
Podríamos usar una analogía donde alguien con poder invade la vivienda de otra persona porque ésta no cuenta con los recursos ni las influencias necesarias para defenderse y tiene que aceptar de buenas a primeras marcharse de su domicilio sin protestar.
El invasor podrá repetir esta arbitrariedad con otros vecinos que identifique como débiles porque sabe que no habrá ninguna respuesta, ya sea por miedo o porque prefieren alejarse antes que meterse en problemas más serios o perder la vida.
EN LA MIRA
La agresión contra Venezuela puede repetirse contra México, Colombia, Brasil, Groelandia, Canadá y contra quien se le antoje a quien habita la Casa Blanca. Solo se necesita la narrativa de que éste o aquél es un delincuente, nombrarlo de esta manera para justificar una invasión en nombre de la libertad y la democracia cuando en realidad lo que está en juego son intereses políticos y económicos.