Patricia González/desde el Cristal
Drogas y petróleo son el gran negocio de este primer cuarto del siglo XXI. Del primero dijo el premio Nobel colombiano, Gabriel García Márquez: “Si en los Estados Unidos se abastece 30 millones de drogadictos diariamente, sin ningún incidente, sin ningún problema, como si fueran a repartir la leche, el pan, el periódico; eso quiere decir que hay unas mafias mucho más poderosas que las de Colombia. Y una corrupción de las autoridades mucho más importante que las de Colombia”.
Esas declaraciones que no son nuevas, pero sí tan actuales como lo que hoy sucede en Venezuela y en cualquier otro país del mundo como Gaza o Ucrania, invadidas por los intereses de varia índole, molestaron muchísimo a las autoridades estadounidenses que, en lugar de combatir la crisis sanitaria ocasionada por el consumo y la adicción a varios tipos de estupefacientes, están empeñadas no en terminar con el negocio sino convertirse en los administradores mundiales del tráfico de drogas. Y para eso precisamente fue creada la DEA (Drug Enforcement Administration), Administración para el Control de Drogas. En español se entiende claramente.
Los miles de millones de dólares, la divisa más demandada y poderosa para los traficantes de cualquier tipo de drogas, corrompe a los gobiernos y se vuelve, en estos tiempos, un pretexto para declarar guerras e intervenciones militares en otros países. La narrativa de narcogobierno que utiliza el presidente Donald Trump contra Venezuela, Colombia y México, principalmente, sirve para beneficio de Estados Unidos y para la ultraderecha.
Lo transcrito líneas arriba, señalado con tanta claridad por Gabriel García Márquez. Por supuesto, es uno de los autores preferidos por la censura en nuestro país vecino al norte del río Bravo. No les agrada que alguien se tome el atrevimiento de echarles en cara el problema que los aqueja y lo involucradas que están sus autoridades. “Los periodistas norteamericanos saben, todo lo que saben, del narcotráfico en Colombia que es mucho, porque los periodistas colombianos lo han investigado, lo han destapado, y mucho de ellos han sacrificado sus vidas por esas publicaciones. En cambio nosotros, no sabemos nada, de cómo es el narcotráfico dentro de los Estados Unidos, porque los periodistas norteamericanos hacen como si ese narcotráfico no existiera”, dice el escritor de Noticia de un secuestro, donde trata el tema de la política y sus relaciones con las bandas del crimen organizado en la década de los 90 del siglo pasado.
Cuando vemos en los videos en las redes sociales cómo el exmandatario venezolano, Nicolás Maduro y su esposa, son custodiados por agentes de la DEA y trasladados a una de las cortes en Nueva York para ser juzgados por “narcoterrorismo” estamos ante una simulación de un gobierno que no hace más que granjearse el repudio de millones de personas en el mundo que protestan por la intervención militar en el país sudamericano.
Hay palabras que refuerzan la narrativa para justificar intervenciones ilegales, esas palabras modifican el lenguaje a conveniencia de quienes se sienten poderosos y confían que sus acciones no traerán consecuencias para sus propios pueblos. Tampoco les interesa mucho. Mientras el miedo genere dinero seguirán actuando como los dueños del mundo.