Patricia González/Desde el Cristal

Para el filósofo Griego Diógenes Laercio, el cinismo fue una forma de vida no una actitud psicológica. Era una exaltación de la virtud. Los cínicos rechazaban el lujo, la fama y la propiedad pues creían que esto esclavizaba al individuo, vivir sin hipocresía. 

Hoy el cinismo es el desprecio a la moral, la burla, el que no cumple sus compromisos y el que miente, el insolente, a quien no se compromete. También se le confunde con la sinceridad y el hablar sin tapujos. El cinismo antiguo se demostraba en los actos, no en el discurso. 

El comentario viene al caso. Hace algunos días se le cuestionó a Kenia López Rabadán, presidenta panista en la Cámara de Diputados, si estaba de acuerdo con sus correligionarios que celebraban el secuestro del presidente Nicolás Maduro y alentaban al mismo tiempo la intervención del ejército de los Estados Unidos en México. Ella se moderó y se apegó a la no intervención militarizada que reza nuestra Constitución política. 

La derecha conservadora en México celebra y aplaude la captura del presidente venezolano. 

No entienden o no quieren entender el principio del derecho a la autodeterminación de los pueblos y el respeto a la soberanía de las naciones. Principio reconocido por la carta de la Naciones Unidas y la OEA, es una defensa para los países débiles y una contención para los poderosos. 

Es grave cuando el antipatriotismo y las campañas de odio se convierten en bandera, como lo es de algunos de los opositores al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. 

“Las intervenciones nunca abonan a la democracia, a la estabilidad, ni al bienestar de los pueblos”, afirma Luisa María Alcalde, presidenta de Morena en respaldo de la presidenta Sheinbaum Pardo. 

En Grand Rapids, Estados Unidos, arrestaron a la joven de 22 años, Jessica Plichta, por el simple hecho de protestar contra los crímenes de guerra que su país está cometiendo en Venezuela. “Esto no es solo un asunto externo, son nuestros impuestos siendo usados para cometer crímenes de guerra. Es nuestro deber como pueblo de levantarnos y oponernos al régimen de Trump que está cometiendo un crimen contra los venezolanos”, dijo la manifestante en una entrevista televisiva. 

Apenas unos minutos después fue arrestada por la policía de aquel lugar y retenida durante tres horas por “obstruir la vía pública”.

La joven dijo algo incómodo para el sistema; protestar le salió caro. Y esto es lo que aplaude la derecha mexicana, que asegura que el régimen trumpista ha liberado al pueblo venezolano tras secuestrar al presidente Maduro y piden lo mismo para nuestro país. 

Esto es un síntoma dentro de los Estados Unidos, la represión contra quienes no están de acuerdo con la actuación de su propio gobierno. ¿Se dan cuenta los opositores mexicanos de lo que quieren en nuestro país? 

EN LA MIRA

Si los ciudadanos estadunidenses ven el abuso de poder por parte de su propio gobierno y lo denuncian, ¿cómo es posible que aun haya quienes apoyen las acciones intervencionistas del ejército de Trump en Venezuela? ¿No se dan cuenta que lo mismo puede suceder con los demás países donde hay recursos naturales y sobre todo energéticos que están en el radar ambicioso del habitante de la Casa Blanca? Los países deberían unirse para lograr una Venezuela gobernada en democracia por sus propios ciudadanos.