Samuel García V./Voces al Viento

        Pocos días antes de concluir el mes de marzo pasado a Florencia Melany Franco Fernández solo la conocían en su casa, en el círculo social en el que se desenvuelve y sus compañeros de trabajo en las oficinas de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en donde laboraba como directora general de coordinación. Gracias a su osadía -como lo han hecho muchos otros- en un santiamén se volvió famosa

      Para bien o mal de Florencia, su ocurrencia salió perfecta, en segundos su fotografía tomada especialmente con dron o escalera, de afuera hacia adentro del edificio, porque a pie no se podría, -no creo que haya sido el “hombre araña” se hizo viral e impactó tanto que hasta perdió su chamba en la que ganaba poco más de 150 mil pesos cada mes. 

      No se puede pensar que Florencia Melany, siendo licenciada en Derecho y con maestría en la misma disciplina estudiada en Francia, ignorara la sanción a la que se exponía cuando decidió exhibirse asoleándose cómodamente sentada en un mueble revisando un teléfono celular con los pies sin zapatos sobre uno de los balcones del Palacio Nacional. 

        Ese pequeño e improvisado set, que no necesito más de una silla, a Florencia Melany vestida de pantalón o falda corta en horas de trabajo y a un fotógrafo audaz para realizar una toma que no duró más de 15 segundos, aprovechando un pestañazo del vigilante, – ¿o estaba autorizado? – nos muestra la vulnerabilidad a la que estamos expuestos todos los mexicanos. 

      El equipo de creadores de contenido de la Presidencia de la República seguramente no duerme buscando formas para llamar la atención de nuestra mente ¿podríamos pensar que esto de Florencia fue un distractivo?  

       Y ANTES de irme quiero platicarles que aparentemente a estas alturas del partido cuando todo va en contra de las buenas intenciones, tres mil toneladas vendidas durante la Semana Santa, de mojarra y 10 millones de ostiones provenientes del programa “Pescando Vida” parecen mínimas, si se toma en cuenta la millonaria inversión que se hace aprovechando orillas de ríos, arroyos y lagunas. A mi parecer, es un buen principio, pues se trata de la primera   cosecha colectiva en un año de ejercicio administrativo en el que solo participaron las Comunidades de Aprendizaje Acuícola de Nacajuca, Cárdenas, Emiliano Zapata y Centla, que dejó a esos productores rurales una derrama económica de 130 millones de pesos. La instalación de infraestructura pesquera en Tabasco sigue creciendo y de seguir igual, para el 2030 celebraremos en grande la meta de 20 mil toneladas de pescado por año, que es la meta.  Por supuesto, esto provocó inquietud entre los vendedores de pescado de los mercados públicos locales que fueron los que resintieron esta competencia.