DAVID MORALES

En ciudades congestionadas por el tráfico, el ruido y la contaminación, la bicicleta se ha convertido en una alternativa que combina movilidad, salud y sostenibilidad. Cada 3 de junio se conmemora el Día Mundial de la Bicicleta, una fecha proclamada por la Organización de las Naciones Unidas para reconocer los beneficios sociales, económicos y ambientales de este medio de transporte.

Aunque existen antecedentes de vehículos impulsados por fuerza humana desde finales del siglo XVIII, la bicicleta moderna comenzó a tomar forma durante el siglo XIX. El historiador de la tecnología David V. Herlihy documenta en su libro «Bicycle: The History» cómo la evolución de ruedas, cadenas y sistemas de transmisión permitió convertirla en uno de los inventos más influyentes de la era industrial.

A diferencia de otros medios de transporte, la bicicleta destaca por su bajo impacto ambiental. La publicación «Global Status Report on Physical Activity» de la Organización Mundial de la Salud señala que promover la movilidad activa contribuye a reducir emisiones contaminantes, mejorar la salud cardiovascular y disminuir el sedentarismo.

Las cifras reflejan la magnitud de sus beneficios. De acuerdo con la OMS, la inactividad física figura entre los principales factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer. El uso cotidiano de la bicicleta ayuda a cumplir los niveles mínimos de actividad física recomendados para la población.

En México, el interés por este medio de transporte ha crecido durante las últimas décadas. Datos de la Encuesta Nacional de Movilidad y Transporte y estudios del Instituto Nacional de Estadística y Geografía muestran que millones de personas utilizan la bicicleta como medio de traslado, recreación o actividad deportiva.

La bicicleta también representa una opción económica. Investigaciones del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo indican que los costos de adquisición y mantenimiento son considerablemente menores que los de vehículos motorizados, lo que la convierte en una herramienta importante para la movilidad urbana.

En ciudades como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey se han desarrollado redes de ciclovías, sistemas de bicicletas compartidas y programas de movilidad sustentable orientados a fomentar su uso.

En el sureste mexicano, incluido Tabasco, la bicicleta continúa siendo utilizada tanto para actividades recreativas como para desplazamientos cotidianos en diversas comunidades urbanas y rurales. Además, eventos deportivos y paseos ciclistas organizados por instituciones públicas y asociaciones civiles han contribuido a fortalecer la cultura ciclista en la región.

La relevancia de este vehículo también ha sido estudiada desde la perspectiva ambiental. El informe «Cycling and Health» elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos destaca que el incremento del uso de la bicicleta puede contribuir significativamente a reducir emisiones de gases de efecto invernadero en áreas urbanas.

Sin embargo, especialistas advierten que uno de los principales desafíos continúa siendo la seguridad vial. La construcción de infraestructura adecuada, educación para conductores y ciclistas, así como el respeto a los reglamentos de tránsito, son factores considerados esenciales para incrementar su uso seguro.

La bicicleta también ocupa un lugar importante en la cultura deportiva. México ha producido ciclistas destacados en competencias nacionales e internacionales, mientras que disciplinas como ciclismo de ruta, montaña y pista mantienen una comunidad creciente de practicantes.