Patricia González/Desde el Cristal
“¿Por qué voy a pagar impuestos a un gobierno ilegítimo, inepto, corrupto y mentiroso?”, dice el empresario Ricardo Salinas Pliego, quien ha radicalizado su discurso contra el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Se le olvida al dueño de las mueblerías Elektra y la televisora TV Azteca, que su deuda fiscal la arrastra desde los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, o sea, gobiernos panistas y priistas en los que debido a créditos fiscales y omisiones de impuestos por parte de sus empresas acumuló aquello que se le está cobrando, aunque él asegura que ya pagó.
Casi 20 años de no cubrir sus adeudos fiscales amparado y beneficiado por los amigos que tenía en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), donde se le protegía de no cumplir sus obligaciones con el Estado mexicano gracias al dinero que repartía entre jueces y magistrados. No olvidemos que la presidenta de la SCJN, Norma Piña mantuvo archivado este caso en particular hasta que se renovó el Poder Judicial en 2025. El discurso de Salinas Pliego no es realmente contra el gobierno federal sino contra el pueblo al que él desprecia. Aun así hay quienes ven con buenos ojos las intenciones del empresario de aspirar a la Presidencia de México en 2030. Él se siente un Donald Trump, de región 4.
Cómo no puede un personaje como éste acumular fortunas si tiene la mala costumbre de no asumir sus deudas. El propio Raúl Salinas de Gortari declaró alguna vez que “esperaba” que algún día le devolviera los 29.7 millones de dólares que le dio prestados a Salinas Pliego para completar lo que le faltaba para comprar Imevisión en 1993.
Cómo no convertirse en un magnate si no se tienen escrúpulos para avasallar a quien se le ponga enfrente cuando hay asuntos de dinero y quedarse con él. En sus tiendas la política de ventas no es vender al contado sino quintuplicar los precios para que la gente se enganche con las supuestas facilidades para solventar los créditos.
Y si algún cliente no avanza a cubrir su deuda obliga a los trabajadores a que visite los domicilios con amenazas de embargos y demandas judiciales. Si el empleado no consigue que el deudor pague, entonces quien otorgó el crédito pagará un porcentaje del adeudo.
Salinas Pliego tiene la esperanza de que en México se repita la historia que hoy viven Argentina, El Salvador, Chile, Honduras y los demás países en que la ultraderecha se ha apoderado de los gobiernos con el respaldo de los Estados Unidos e Israel. Esa es su apuesta.
Solo así se van los zurdos, según él, con injerencias militares como la ocurrida en Venezuela. De un empresario cuya raíz política y económica yunquista no se pueden esperar cosas diferentes que no sean su beneficio propio.
EN LA MIRA
El miedo y el acoso como factores de dominio es lo que intenta proyectar Ricardo Salinas, como ese ambiente que crea en sus propias empresas en el que los trabajadores son los que más padecen esa actitud prepotente es lo que busca replicar hacia el pueblo de México. El patrón despiadado, el jefe inflexible.
Ricardo Salinas Pliego se acostumbró a la manipulación a través de la televisora que le concesionó el Estado mexicano. Le agarró el modo al negocio de poder difamar al publicar mentiras y utilizar a sus voceros estelares para desinformar a la población.