Patricia González/Desde el Cristal

No, la democracia no consiste en solo salir a votar cuando son tiempos electorales. No es sólo ir a las urnas. La democracia no es una persona, un salvador. La democracia implica la participación de todos los ciudadanos, organización social, decisión colectiva. La democracia no se reduce a una acción. 

La democracia es un sistema instaurado a partir de la independencia y la soberanía del individuo.

Construir mecanismos para decidir todos. En la antigüedad, los ciudadanos griegos participaban en números del 10 al 15 por ciento, y a eso lo llamaban democracia. 

No concuerdan los números con la realidad. En verdad no hay nada determinante o definitivo que pueda ser tomado en cuenta como una democracia perfecta.

 La independencia de las colonias americanas del reino español fue un movimiento que buscaba la libertad, el derecho como pueblo a decidir quién debía gobernar cada soberanía o Estado. 

“Sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce directamente o por medio de representantes”, dice el Diccionario de la Real Academia Española. 

En nuestro país vivimos mucho tiempo gobernados por un solo partido bajo las siglas de una revolución. Nuestro sistema hasta el día de hoy continúa en un proceso de consolidación. 

Fue a partir de 2018 que las instituciones que “impartían democracia” respetaron la voluntad de un pueblo que reivindicó su decisión en el 2024 al dar continuidad a un proyecto que busca, a través de la toma de una conciencia más libre, asumiéndose más participativa y crítica. 

En eso estamos, aunque sobre la marcha se tienen que corregir pendientes a los que no bastan doce años para buscar un cambio democrático que permee con más profundidad en la vida de nuestro pueblo.

No hay democracia perfecta, pero sí perfectible. Quienes detentan el poder deben fortalecer las bases de una sociedad que durante casi nueve décadas vivió bajo una simulación, ese régimen aparentemente revolucionario destruyó las instituciones y es lo que se debe corregir aprovechando la legitimidad que otorgó el pueblo de México al movimiento que hoy nos gobierna. 

La restauración de la democracia no depende de una sola persona, y ya hemos atestiguado cómo el pueblo de México ha respaldado a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, es el pueblo quien decide que ella nos represente porque tiene la legitimidad necesaria, y a la vez, ella está consciente de que su fortaleza reside en esa base popular que la llevó al poder en 2024. Hay una correspondencia entre pueblo y gobierno, corresponsabilidades adquiridas y que se respetan. 

Hoy que el mundo vive una encrucijada en que a las democracias no les importan a ciertos líderes, en que el derecho a decidir de un pueblo se ve amenazado por fuerzas ajenas y que resulta demasiado peligroso para la paz mundial, en México hay confianza en la Presidenta. 

No importa que unos cuántos, por intereses de grupo, apoyen a las fuerzas de intervención extranjera. México es más fuerte que los intereses que buscan privilegios.  

EN LA MIRA

Mucho tenemos que aprender y evitar de lo que ocurre en Estados Unidos: sus propios ciudadanos reprimidos por protestar, atacados de manera criminal por quienes deberían brindar seguridad. 

Un gobierno que persigue por el color de piel, el origen, por disentir, no puede tener base social.