Por David morales/Avance
El 29 de mayo de 2006, en el distrito de Porong, regencia de Sidoarjo, en Java Oriental, el suelo comenzó a expulsar agua caliente, gas y lodo sin control. No se trató de una erupción volcánica convencional, sino del nacimiento de Lusi, acrónimo de Lumpur Sidoarjo, hoy considerado el volcán de lodo más grande y persistente del mundo, de acuerdo con registros geológicos documentados por el Servicio Geológico de Indonesia y la NASA.
El fenómeno surgió a escasos metros del pozo Banjar Panji-1, perforado por la empresa PT Lapindo Brantas dentro del bloque petrolero Brantas PSC. Investigaciones técnicas posteriores, publicadas en Environmental Geology y retomadas por la Agencia SINC, señalan que la perforación carecía de revestimientos adecuados para controlar la presión subterránea, lo que permitió la fuga de fluidos y el ascenso violento del lodo a la superficie.
En aquel momento, la concesión era operada por Lapindo Brantas con una participación del 50 por ciento, acompañada por PT Medco Energi con 32 por ciento y la australiana Santos Ltd con 18 por ciento, según documentos del Ministerio de Energía y Recursos Minerales de Indonesia. Aunque la empresa sostuvo que un terremoto ocurrido en Yogyakarta dos días antes pudo detonar el desastre, estudios independientes descartaron una relación sísmica directa.
Durante sus primeros meses, Lusi llegó a expulsar hasta 180 mil metros cúbicos de lodo por día, una cifra documentada por el Observatorio de la Tierra de la NASA. El material cubrió aldeas enteras, carreteras, zonas industriales y tierras agrícolas, obligando al desplazamiento de más de 40 mil personas, de acuerdo con datos oficiales del gobierno indonesio y evaluaciones ambientales internacionales.
A casi dos décadas del inicio del brote, el volcán de lodo continúa activo, aunque con menor intensidad. El área afectada se ha convertido en un paisaje gris e inestable, vigilado de forma permanente por geólogos y autoridades locales. Para la comunidad científica, Lusi es hoy un caso emblemático de los riesgos asociados a la exploración energética sin controles suficientes, una herida abierta en el mapa de Indonesia y una advertencia global documentada en literatura geológica especializada.
Fuentes como el Earth Observatory de la NASA, la revista Environmental Geology y la Agencia SINC coinciden en un punto. Lusi no es una anomalía natural aislada, sino el resultado de una interacción crítica entre actividad humana y un subsuelo altamente presurizado, cuyas consecuencias aún no terminan de medirse
