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Por David Morales/Avance

La formación médica se ha consolidado como uno de los trayectos académicos y profesionales con mayor carga emocional. Diversos estudios científicos coinciden en que médicos y médicas presentan tasas de depresión e ideación suicida superiores a las de otras carreras universitarias y a la población general, una tendencia que se intensifica durante el internado y la residencia.
Un meta-análisis publicado en JAMA por la investigadora Lisa Rotenstein documentó que 27 por ciento de los estudiantes de medicina a nivel internacional presenta síntomas depresivos y 11 por ciento ha experimentado ideación suicida durante su formación. Al comparar estos datos con estudiantes de otras áreas, los autores advierten que la prevalencia es consistentemente más alta en medicina, incluso frente a carreras consideradas de alta exigencia académica.
La vulnerabilidad aumenta durante el internado. Estudios longitudinales difundidos en Academic Medicine y JAMA Psychiatry señalan que hasta 16 por ciento de los médicos internos reporta pensamientos suicidas a lo largo de su año clínico, con incrementos asociados a guardias prolongadas, privación del sueño y presión jerárquica. Estas cifras superan las observadas en jóvenes profesionistas de otras áreas durante etapas equivalentes de inserción laboral.
En México, aunque no existe un registro nacional específico, la evidencia académica apunta en la misma dirección. Una investigación realizada con médicos internos de pregrado en Chiapas, publicada en la revista Ciencia Latina, encontró que más de 90 por ciento presentaba estrés significativo y 37 por ciento mostró tendencias suicidas en evaluaciones psicológicas. En residentes de medicina familiar, la Revista Médica del IMSS reportó síntomas depresivos en cerca de 60 por ciento de los participantes, al considerar cuadros leves y moderados.
La comparación con otras profesiones refuerza la alarma. Un meta-análisis internacional difundido en BMJ y repositorios de PubMed concluyó que los médicos tienen alrededor de 1.8 veces más riesgo de suicidio que otros profesionales de nivel socioeconómico similar. El fenómeno es especialmente marcado en mujeres médicas, cuyo riesgo supera de forma notable al de mujeres de la población general, una diferencia que no se replica con la misma magnitud en otras carreras.
Especialistas citados por la Organización Mundial de la Salud advierten que este patrón responde a factores estructurales. Jornadas extensas, contacto permanente con el sufrimiento y la muerte, violencia institucional, estigmatización de la salud mental y acceso a medios letales configuran un entorno de riesgo acumulativo. A diferencia de otras profesiones, la cultura médica suele desalentar la búsqueda de ayuda psicológica, según reconocen análisis publicados por asociaciones médicas internacionales.
Pese a la evidencia, las acciones institucionales siguen siendo limitadas. En México no existe un programa nacional específico de prevención del suicidio enfocado en médicos en formación, ni estadísticas oficiales desagregadas por internado o residencia. Organismos como la American Medical Association y revistas especializadas han recomendado reducir cargas laborales y garantizar atención psicológica confidencial, aunque su aplicación depende de cada institución.
Los datos disponibles permiten una conclusión clara. La medicina no solo concentra altos niveles de estrés, sino que se ubica entre las profesiones con mayor riesgo de suicidio en comparación con otras áreas profesionales. Más que un problema individual, la evidencia científica describe un fenómeno estructural que sigue sin una respuesta integral a nivel nacional.