Patricia González/Desde el Cristal

Cuando vemos a personas de la tercera edad adormecidas y cabeceando en el transporte público a las tres de la tarde porque vuelven de sus empleos como cerillos en tiendas departamentales, o en pequeños comercios, o en domicilios particulares donde hacen la limpieza, cuidan y podan las áreas verdes, etcétera, uno piensa en la dignidad que se les niega de vivir en la tranquilidad de sus hogares, aunque sea lo mínimo que puedan disfrutar en su ciclo biológico que les corresponde en este mundo. 

Esa realidad que ellos experimentan la viviremos todos sin excepción. Sin embargo pareciera que no todos estamos conscientes de lo que sucede a nuestro alrededor, de que somos una población envejecida y que hacen falta espacios para poder pasar los últimos años en condiciones dignas de un ser humano, sin el aislamiento ni el olvido ni el abandono en que muchas personas se encuentran. 

Cuando vislumbramos este panorama, nos cuestionamos qué estamos haciendo en el presente con estas personas, las mismas que seremos mañana. Todos somos responsables de alguna manera, directa e indirectamente. Esa responsabilidad la compartimos con el Estado, con sus legislaciones y sus leyes con las decisiones que se toman, con las propuestas e iniciativas que se quedan archivadas y por las que nadie hace nada absolutamente y ni siquiera levanta la voz ni menciona nada.

También observamos a las personas que empiezan a surgir desde sus madrigueras políticas o desde las trincheras burocráticas del poder para moverse a nuevas posiciones, aspirando la escalada de sus deseos de mejorar sus condiciones materiales tomando impulso desde sus plataformas en el servicio público dominados por la inercia de aprovechar las oportunidades que se tienen sin tomar en cuenta para qué llegaron, cuáles eran las obligaciones adquiridas desde antes del inicio de sus funciones. 

Son tiempos de oportunidad política en que se reparten la democracia que funciona a favor de unos cuantos, de esos que ya no piensan en sus obligaciones del presente porque para ellos el futuro se les echa encima. El “es ahora o nunca”. 

Tal vez no habrá otra oportunidad de realizar sus sueños. Mañana quizá serán alcaldes, diputados, senadores, secretarios, oficiales, directores, subdirectores, jefes, coordinadores. Algo en el espectro del servicio público, los burócratas del momento, los que buscan su acomodo, sus plazas. Tal vez tengan éxito y consigan lo que consideran que se merecen. 

No voltearán a mirar atrás. Si cumplieron o no sus metas en el puesto anterior, no les preocupa. Su objetivo es claro. Tienen cosas mucho más importantes ahora. Pensar en cómo resolver los problemas da la comunidad pasa a segundo término.

EN LA MIRA

Ya no les dio tiempo para culminar lo que dijeron harían, comprometidos con la sociedad. Ah, pero el futuro compromiso sí. Ahora -dicen- esa es la nueva prioridad. Luchar por el bienestar común, porque los adultos mayores tengan una existencia digna, porque no tengan la necesidad de trabajar a estas alturas de la vida. Porque tengan un lugar confortable donde vivir si los abandonan. 

Esa será la nueva encomienda, esta vez sí trabajarán para que los compromisos se cumplan. Las ambiciones personales son para los mezquinos, esas no están en la mira de los próceres de la libertad y la democracia. Así una y otra vez.